8 DE MARZO (I). ¡8M DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA! ¡SÚMATE A LA HUELGA, SÚMATE A LA REVOLUCIÓN!

Vuelve a acercarse el 8 de marzo y, junto con la simpatía y la sensación de movilización que genera este día, ya han empezado a alborotarse todos los espacios militantes. Andamos nerviosas, tenemos dudas sobre qué, cómo y con quién hacer, no nos aclaramos aunque debatamos… todo esto ambientado por las distintas discusiones que han tenido eco en Euskal Herria en los últimos años. Aún teniendo claro cuál es el norte, es complicado determinar cómo actuar en días concretos. Por ello, para superar nuestras contradicciones y ausencias, y con intención de tomar partido en este contexto, debemos posicionarnos en cuanto a la huelga feminista. Así, esta entrada es para todas aquellas a las que nos invade la sensación de estar perdidas, para explicar cómo nos posicionamos desde Itaia, con la intención de que sea de ayuda para actuar en pueblos, barrios y centros educativos.

Es sabido que, gracias a los planteamientos que hicimos desde el Movimiento Feminista, el año pasado sacamos a millones de personas de todo el mundo a las calles. Y aunque aquél día desbordó de pasión, la lucha ha sobrevivido dentro de unas pocas personas. Es más, las reivindicaciones que se recuerdan tienen poco que ver con la lucha de la emancipación de las mujeres trabajadoras. El Movimiento Feminista continúa emocionándose con las palabras de Rihanna, tratando de corregir la justicia burguesa de los estados español y francés (y sus representantes vascos) y hablando de cooperativismo vasco para el empoderamiento de las mujeres. A la vista está que cometimos algunos errores. Aunque el 8 de marzo de 2018 nos proporcionó algunos resultados, es necesario aprender del trabajo realizado, por lo que, además de valorar los triunfos, tendremos en cuenta los fallos que cometimos y aplicaremos toda esa experiencia en el planteamiento de este año.

Hoy, en esta primera entrada a raíz del 8 de marzo, querríamos poner sobre la mesa dos lecciones que profundizaremos en las siguientes entradas. Por un lado, que es necesario tomar a la clase trabajadora como sujeto para acabar con la opresión de las mujeres trabajadoras. Es decir, tenemos que alejar la lucha feminista de las desposeías de alianzas interclasistas, e incluirla en la independencia de clase. Por otro lado, para que la huelga feminista sea eficaz, tiene que ser un instrumento para construir el socialismo; dicho de otro modo, tenemos que comprender el 8 de marzo como un día de lucha mediante el cual obtendremos objetivos concretos respecto a una estrategia revolucionaria.

En cuanto al primer punto, es verdad que últimamente varios colectivos del Movimiento Feminista de Euskal Herria nos hemos distanciado de las reivindicaciones del colectivo burgués y nos hemos alineado con nuestra propia clase social. Nos alegramos enormemente por este cambio, puesto que esto responde a la concienciación del carácter de desposeídas de las militantes. Aun así, aunque está destacando la lucha feminista desde perspectiva de clase, se sigue situando a las mujeres trabajadoras de manera parcial, otorgando, para hacer frente a la opresión de género, autonomía organizativa y política absoluta al Movimiento Feminista. Esto se refleja en la actuación de varios colectivos, que han pasado de tomar a la mujer como sujeto universal a tomar a la mujer trabajadora, pero siguen negando la indispensabilidad de la unidad de clase para obtener nuestra libertad.

Queremos terminar con la idea de sororidad universal que está tomando fuerza últimamente en el feminismo. Está claro que lo que nos divide no es nuestra sexualidad, ni la manera en la que cada una entiende su género, ni el tiempo que pasamos en espacios de mujeres. Todos estos son expresiones de nuestros proyectos de vida, no su raíz. Por ello, la razón por la que rompemos con esa supuesta unidad que se sobreentiende a la sororidad no es la diversidad entre feministas, sino la existencia de posturas antagónicas entre las que nos consideramos feministas. La diferencia entre una mujer trabajadora que busca la destrucción de las clases y una mujer burguesa que trata de aumentar su capacidad de explotación no se explica mediante la diversidad, sino mediante una contrariedad fundamental.

Podemos concluir, entonces, que el sujeto y sus aliados y enemigos no se eligen mediante la simpatía o la voluntad, sino que están determinados por nuestra clase social y la posición política que tomamos respecto a ella. Ciertamente, lo determinante es cómo nos alineamos como trabajadoras, a favor de la acción directa para la superación de las clases o a favor de prácticas posmodernas que eternizan nuestra impotencia. Así, esa unidad de todas las mujeres que nos es ajena sólo sirve para aumentar el poder social de la burguesía y destruir la posible organización política de los trabajadores.

Volviendo al caso de Euskal Herria, es conocido el amplio espectro que abarca el Movimiento Feminista, como bien se refleja en los desacuerdos sobre líneas políticas y formas organizativas. Pero en los últimos dos años, como consecuencia de las decisiones tomadas entre unos pocos colectivos, se ha presentado un Movimiento Feminista de Euskal Herria unido. En nombre de esa pretendida unidad se negado la autonomía política y organizativa del resto de espacios feministas. Ante esta situación, nuestra posición es clara: nosotras, siendo parte del Movimiento Feminista de Euskal Herria, no vamos a aceptar que se ponga en duda nuestra legitimidad para actuar el 8 de marzo. Es más, teniendo en cuenta que quien desarrolla su práctica política en contra de su carácter de clase no defiende los intereses de las mujeres trabajadoras, esos colectivos no nos representan.

En cuanto a la segunda de las lecciones que hemos apuntado al inicio, nos gustaría centrarnos en el sentido que deberían tener las huelgas en una estrategia de clase. Por un lado, desde el momento en el que el objetivo de una huelga es llevar a cabo una demanda de las trabajadoras mediante la parada de la producción, las huelgas deben ser luchas a favor de un objetivo concreto. Como todos los aspectos de nuestras vidas son resultado de la lucha de clases, es decir, como vivimos en una lucha de clases constante, las huelgas son un instrumento para hacer frente a la burguesía: en el capitalismo, la capacidad de parar la producción recae en manos de las desposeídas, por lo que negándonos a cumplir esa función plantamos cara a la burguesía. De esta manera, no acudir al centro de trabajo durante una huelga no es una opción o un daño colateral, sino la herramienta que tenemos para ganar en la correlación de fuerzas entre nosotras y la burguesía.

Sin embargo, desde la manera generalizada en la que hoy en día se entiende el 8 de marzo, la huelga se realiza para poner en valor el trabajo de las mujeres. Se reivindica que si nosotras paramos, paramos el mundo, que el trabajo de las mujeres importa y debe de ser valorado. Pero esto nos crea algunas dudas: ¿qué tipo de valorización es la que demandan? ¿Económica? ¿Social? Si es económica, ¿cuál es su propuesta? ¿Cuáles son los objetivos concretos de la huelga? ¿Qué medidas han puesto sobre la mesa? ¿El planteamiento del 8 de marzo posibilita la realización de las metas establecidas? ¿Son esas metas realizables en el capitalismo? O lo que es peor, ¿creen que las metas planteadas son revolucionarias?

Nosotras creemos que las huelgas deben ser planteadas para la confrontación directa entre el proletariado y la burguesía, a saber, que las huelgas deben ser comprendidas como herramientas que tenemos para ejecutar la lucha de clases. Por consiguiente, debemos dejar de utilizar los días de huelga para reivindicaciones abstractas y lucha ideológica para pasar a realizarlas como días de lucha para defender demandas concretas.

Por otro lado, querríamos fijarnos en los objetivos concretos que le adjudicamos a la huelga y su conexión con la totalidad. La cuestión no es sólo que la huelga debe estar diseñada para obtener unos objetivos concretos, pues los objetivos que se le atribuyen a esta herramienta deben realizar una aportación directa a la construcción del socialismo revolucionario. Dicho de otro modo, la única manera de tomar como victorias la realización de objetivos tácticos es que éstos tengan un sentido estratégico. En este aspecto también nos surgen dudas respecto al planteamiento dominante para este 8 de marzo: ¿organizar el trabajo según los intereses del estado o el mercado puede considerarse una victoria? ¿En qué se basa la idea de que los desposeídos somos capaces de someter el estado o el mercado y que podemos incluir a éstos en nuestros intereses? Cuando se habla de colectivización, ¿se habla de asalarización? ¿Qué se entiende por libertad, tener un salario digno?

Teniendo en cuenta lo mencionado anteriormente, creemos necesaria la organización y la toma de las calles por parte de las desposeídas para hacer frente a la opresión de las mujeres desposeídas. Por ello, desde Itaia hacemos un llamamiento a toda la clase trabajadora de Euskal Herria a trabajar a favor de la organización obrera en el día a día, y a actuar con independencia de clase en la próxima huelga feminista. Es decir, ante la necesidad de desarrollar una actividad cuyo objetivo es la emancipación de las mujeres trabajadoras en pueblos, barrios y centros educativos, llamamos a actuar con responsabilidad ante la tarea de construir espacios de trabajadoras para organizar la huelga del 8 de marzo.

Con esto, nos referimos no sólo a crear nuevos espacios donde hagan falta, sino también a trabajar desde los grupos que ya están en funcionamiento. Porque sabemos que son muchos quienes día a día trabajan a favor de la emancipación de las mujeres trabajadoras: grupos populares de chicas, mujeres organizadas en los campus, gaztetxes, espacios militantes de institutos, asambleas juveniles de pueblos y barrios… De ahí, ante aquellos que se aferran a la sociedad burguesa en nombre de la emancipación de las mujeres, la necesidad imperiosa de actuar desde el Movimiento Feminista que se incluye en la organización obrera este 8 de marzo: porque al metabolismo capitalista sólo se le puede combatir desde la perspectiva de la totalidad, como bien hemos aprendido de la historia.

Teniendo en cuenta este objetivo, nos parece imprescindible que se debata sobre el 8 de marzo en todos los espacios militantes de Euskal Herria. Porque tenemos la necesidad, a la hora de plantear la huelga de este día, pero en general también la lucha feminista, de poner sobre la mesa todos los elementos a valorar e impulsar debates: debates que concluirán en la creación de una estrategia integral y universal pero que, al mismo tiempo, responderán directamente a las condiciones locales. A saber, tomando la organización de la autodefensa de las trabajadoras como eje, tenemos que acotar qué, cómo, con quién… lo haremos: debatiendo entre nosotras, debemos aclarar nuestras ideas. Tenemos que resolver nuestras dudas y empezar a tejer la revolución socialista.

La lucha feminista de las mujeres desposeídas es en sí misma el conflicto a favor del poder político de las trabajadoras, y la lucha socialista revolucionaria incluye el feminismo… por lo que, también en la huelga feminista del 8 de marzo, ¡nos veremos en las calles!

¡Viva la lucha de las mujeres trabajadoras!

JTK!